
Conocí a Ángel Manuel Paredes Hortelano (luego Ángel Garó) cuando él acababa de llegar a Madrid e inmediatamente acepté ser su manager, pagándole un salario mensual para que pudiera abandonar la peluquería en la que trabajaba y dedicarse al espectáculo, en el que le auguraba un gran éxito. Tras unos dos años de trabajo conjunto, lo dejé en el 123 de Chicho Ibáñez Serrador, al que él se negaba a ir, por considerar que iba a "perjudicar su imagen", ya con el nombre de Ángel Garó. Le “obligué” a partir del contrato ya firmado, del cual jamás cobré una peseta. Después de tres años de lucha, sabía que era lo que le iba a significar el triunfo. Le fue bien, creo.
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En sus principios, lo llevé al “Cabaret Berlín” donde cosechó un gran éxito (al igual que los Yllana, a los que llevé varios años después). Pululaba por allí un auto-titulado RRPP (que nadie mas reconocía como tal) que no era otroque “Alvarito”, el luego famoso Alvaro Perez, “El Bigotes”, entonces lampiño. Una persona de aquellas de las que instintivamente huyo, por reconocer en la mirada o su carne, una disposición inmoral que me repugna.
El "listo" no es inteligente. Ve las situaciones y no las soluciona o las apoya, sino que simplemente saca provecho para sí.
“Alvarito” se dio cuenta del enorme potencial de Angel e ideó un plan. Sucio, por supuesto.
No paraba de pasarle papelitos diciéndole “Mi tío, Andrés Pajares, quiere hablar contigo”. Ángel, que entonces aún conservaba un buen sentido ético, le respondía: “Que hable con mi representante”, o sea yo.
La cuestión es que tanto insistió que una vez cogí uno de los papelitos en el que le citaba en el bar del Hotel Miguel Ángel de Madrid y fuimos los dos, Ángel y yo.
Gran disgusto de Pajares y el Bigotes al verme, y más aún cuando les espeté que no era ético lo que hacían.
La respuesta de Andrés Pajares fue veloz: le pidió a “Alvarito” (aún no llevaba bigote) que le fuera a cambiar un billete de 5.000, como si fuera una especie de botones, y cuando se alejó, me dijo: “Esto es cosa de Alvarito. Es un liante. Dice ser mi sobrino pero no es verdad. Es un muchacho con problemas…” E insistía en que él, Pajares, siempre había querido hablar directamente conmigo, y no pasarme por alto… Era la típica forma de mentir que tanto emociona a algunos políticos y hombres de empresa, en todo el mundo… Ese “ser hábil” y artero…
En definitiva, nos ofrecía presentarlo a “gente muy importante” y “hacer negocios”…
Y de la de “Alvarito”, actualmente “el Bigotes”, poco hay que hablar. Ya era dado a la trampa, al aparentar ser lo que no era, un ser vacío en busca del “éxito”, la “elegancia” exterior, la mentira como el pan de cada día, las componendas a espaldas de los otros…
Creo que era una manera enferma de compensar su complejo de inferioridad por su baja estatura. Sus secuaces, en las actuales circunstancias de corrupción, comparten con él ese aprecio desmedido por la apariencia y desprecio despectivo por la ética que caracterizan a cierto tipo de personas-imbéciles.
Huyamos de ellas. Dan asco.
Sergio Dantí

Nota: Este es el programa que le diseñé para su “Estreno en Broadway” cuando tenía mi empresa en Madrid. La escenografía la encargué cuando le salieron 4 actuaciones para un programa que dirigía Hugo Stuven, en la Primera. Actuó siempre así, con su nombre de fondo con letras luminosas: si así la gente no se lo aprendía…
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